En resumen:
- Salvadoreños residentes en Honduras fueron objeto de agresiones, despojos y asesinatos.
- Las tensiones entre los países se incrementaron durante tres juegos de eliminatorias para una Copa Mundial.
- El Salvador lanzó un ataque aéreo e invadió Honduras la noche del 14 de julio de 1969.
Por Diego Rosales
Han transcurrido casi seis décadas desde que El Salvador y Honduras libraron una guerra precedida por agresiones, violaciones a derechos humanos, inmigración, despojos de tierras y la expulsión masiva de salvadoreños que vivían en suelo hondureño en busca de mejores oportunidades.
Pese a los intentos de historiadores y académicos por aclarar que los motivos del conflicto no tienen relación directa con un resultado deportivo, a este hecho se le sigue conociendo internacionalmente como la “Guerra del Fútbol”. Incluso, es llamada así por la Oficina del Historiador del Departamento de Estado de Estados Unidos, la Enciclopedia Británica y medios de comunicación.

Con motivo de la Copa Mundial 2026, la cadena estadounidense History Channel publicó en Facebook una reseña de la llamada “Guerra del Fútbol” entre El Salvador y Honduras: “A veces, un partido de fútbol puede convertirse en una verdadera guerra».
Al conflicto militar también le llaman como la “Guerra de las cien horas”, pero el nombre más difundido es la Guerra del fútbol, bautizada así por el reconocido periodista polaco Ryszard Kapušciński, luego de publicar en 1969 un crónica con este título.
En el texto, Kapušciński describe la situación que enfrentaban en esa época unos 300 mil los salvadoreños en el vecino país, los intentos del Gobierno hondureño por realizar una reforma agraria que no afectara los intereses de la compañía estadounidense United Fruit Company y la negativa del Gobierno de El Salvador de aceptar a los salvadoreños retornados, pero en el público general se solo quedó la idea de una crisis derivada por el balompié.
Según los registros históricos de las Naciones Unidas, consolidados por el Banco Mundial, El Salvador poseía la densidad de población más alta del continente: 172 personas por kilómetro cuadrado. Por entonces, unas 14 familias poseían la tierra y miles de campesinos sumidos en la pobreza decidieron marcharse al vecino país, donde se apropiaron de terrenos baldíos.
A finales de la década de los años sesenta, diversos sectores hondureños presionaron al presidente militar Oswaldo López Arellano a promulgar una reforma agraria.
Pronto, los dardos se enfilaron contra los salvadoreños. Se inició una campaña para expulsar a los “guanacos”, mientras que el grupo paramilitar nacionalista hondureño La Mancha Brava inició una persecusión, desaparición y asesinatos.
“El fútbol ayudó a enardecer aún más los ánimos de chovinismo e histeria hurrapatriotica tan necesario para desencadenar la guerra y fortalecer el poder de la oligarquía en ambos países”, relatóKapušciński.


Imagen del texto “la guerra del Futbol”, publicada originalmente en 1969.
¿Qué tuvo que ver el fútbol?
Un mes antes de que estallara la guerra el 14 de julio de 1969, las ya tensas relaciones entre ambos países centroamericanos tuvieron como telón de fondo una eliminatoria para clasificar a la Copa del Mundo de México 1970. Las protagonistas eran las selecciones de Honduras y El Salvador.
La rivalidad entre los combinados nacionales y sus aficionados, así como la arenga nacionalistas de los medios de comunicación, provocaron que los ánimos se caldearan todavía más.La euforia del balompié pronto opacó las otras razones.
El primer juego se disputó en Tegucigalpa, el 8 de junio de 1969, con marcador 1 – 0 a favor de la selección local. Siete días después, El Salvador venció en su capital a Honduras con el resultado final 3 – 0 en la pizarra.
Según Kapuściński, por precaución y las latentes amenazas, los jugadores hondureños fueron llevados a todas partes en carros blindados, mientras que el estadio estuvo rodeado por el Ejército salvadoreño y la cancha escoltada por el regimiento élite de la Guardia Nacional con metralletas listas para disparar.
El entonces entrenador de Honduras, Mario Griffin, dijo: “Menos mal perdimos este partido”, mientras que aficionados hondureños huyeron a la frontera, se reportaron dos muertos y ciento cincuenta carros incendiados, lo que elevó las tensiones, escribió el cronista.
Con la serie empatada, las selecciones debieron jugar un partido adicional para definir la clasificación el 27 de junio en una sede neutral, el estadio Azteca en Ciudad de México.
Dos días antes que se disputara el partido de desempate, el Gobierno salvadoreño pidió a la Organización de Estados Americanos (OEA) que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) o una subcomisión visitara el país para constatar violaciones a derechos humanos en contra de salvadoreños en Honduras.
Ese mismo día, Honduras denunció ante la misma instancia violaciones a derechos humanos cometidos por salvadoreños en contra de hondureños durante su participación en el encuentro deportivo, por lo que también pidió una visita de verificación.
La noche del 26 de junio, El Salvador rompió relaciones diplomáticas con Honduras, denunciando que el gobierno de ese país no había tomado medidas efectivas para castigar los crímenes contra salvadoreños ni los indemnizaba.
El 27 de junio, El Salvador venció de forma ajustada 3 – 2 a Honduras en México, y se clasificó por primera vez a una cita mundialista. Pero los ánimos caldeados no cesaron. Honduras también rompió relaciones con El Salvador.
El 9 de julio, el Asistente del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, le envió un memorándum al mandatario estadounidense, Richard Nixon:
“Kissinger informó que El Salvador había roto relaciones diplomáticas con Honduras tras diez días de disturbios antisalvadoreños en Tegucigalpa, que comenzaron cuando hinchas salvadoreños agredieron a hinchas hondureños durante un partido regional de la Copa Mundial en San Salvador”, según la Oficina del Historiador de Estados Unidos.
Estalla la guerra
La noche del 14 de julio de 1969, el Ejército salvadoreño realizó un ataque aéreo y una invasión en Honduras, quien también respondió con fuego, desatándose la primera guerra en el hemisferio occidental, después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), según el historiador Carlos Pérez Pineda, en su libro El Conflicto Honduras El Salvador, julio de 1969.
“El inicio de las hostilidades estuvo precedido por incidentes menores, a los que siguieron otros más graves, especialmente durante los dos partidos de fútbol entre las selecciones nacionales de Honduras y El Salvador, disputados en junio: uno en Tegucigalpa y otro en San Salvador”, señaló el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en su informe de la guerra.
CICR mencionó en su reporte del conflicto que las fuerzas armadas de ambos países reportaron 300 efectivos muertos, 500 heridos.
Informó, además, sobre la situación de prisioneros de guerra, de los habitantes desplazados y refugiados, la condición de salvadoreños en centros de internamiento y éxodo masivo hacia su país de 21.300 personas, entre el 28 de junio y el 23 de julio.
El 15 de julio, Kissinger le informó al presidente Nixon sobre los ataques salvadoreños y recomendó continuar apoyando los esfuerzos de la OEA para lograr un alto el fuego y negociar el fin del conflicto.
“La lucha del pueblo salvadoreño no tiene más que un objetivo; garantizar a las personas y bienes de nuestros compatriotas en Honduras”, dijo el entonces presidente salvadoreño, el General Fidel Sánchez Hernández en un mensaje a la nación el 18 de julio de 1969.
Esa misma noche, la OEA exigió un cese al fuego, la retirada militar en un plazo de 96 horas, la inmovilización de las fuerzas aéreas, garantías de seguridad para los nacionales de cada país en el territorio del otro y el fin de las campañas mediáticas incendiarias.


